07Feb

Relatos Sexuales y Eróticos – “Mi obsesión con las MILFS”

Toda la vida me han atraído las mujeres maduras y cuanto más, mejor. Tengo 22 años y desde la preparatoria he sentido cierta afinidad por estas chicas que tuvieron una juventud bien vivida, sus curvas pronunciadas, pechos naturales y esas hermosas estrías junto con líneas que rodean sus ojos, imperfecciones (como las jóvenes llaman) que son las marcas de una mujer REAL, tan sólo pensarlo e imaginarlo provoca que mi pene se ponga duro como roca. He sido bendecido por tener dotes enormes y la gran mayoría de las mujeres con las que he mantenido relaciones me agradecen infinitamente por las excelentes cogidas que les meto.

Estoy en el último semestre de la licenciatura y practico un deporte que nadie considera deporte, golf; tienen algo de razón, algunas personas sólo van a socializar y ligar mujeres que no saben mover un palo de golf. Por lo tanto veo demasiadas hembras de edad madura, casadas, divorciadas y una que otra viuda.

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Desde la última vez que mantuve una relación con una de estas mujeres especiales, manejé un perfil bajo respecto a los ligues ya que me dejó con una profunda herida de enamoramiento; tenía unos senos divinos, afectados por la gravedad, piel porcelana, un cabello rubio natural que excitaba a cualquiera, nalgas redondas y firmes que ha mantenido perfectas gracias al ejercicio, unos labios que la misma Kylie Jenner envidiaría y ojos cafés que me invitaban al deseo y me hacían prender con su bella cara llena de placer al penetrarla. Por lo tanto no había tenido relaciones sexuales y mucho menos me había masturbado en la soledad nocturna, estaba solo como un perro hasta ese día…

Conocí a Fernanda, una mujer de 45 años, casada, estatura promedio, cabello castaño, ojos grandes y expresivos, chichis pequeñas y nalgas exageradamente grandes que se movían cuando ella caminaba, un amigo la presentó mientras estábamos en el hoyo 12 y bebíamos Bacardí, él llegó sorpresivamente en su carrito de golf con Fernanda, no les mentiré, desde el primer momento en que la vi sufrí una erección inmediata, se puso mucho más dura cuando él afirmó que eran únicamente amigos y que podía ligármela si yo quisiera, prácticamente me la ofreció, se agradece cuando te ofrecen a una amiga. Sentí un deseo loco de pegarle unas buenas nalgadas mientras platicábamos, su hermosa boca olía a alcohol y a chicle de fresa que previamente había ingerido. Pasado de unas horas y unos hoyos más llegamos al grado de estar medio borrachos y los deseos e insinuaciones comenzaron a fluir, me acerqué a su oído y le dije que me excitaba de sobremanera y que me imaginaba los más sucios deseos con su trasero, le juré que lo necesitaba encima de mi cara; al decirle eso la tomé de la cintura y comenzamos a besarnos tiernamente sin dejar a un lado la pasión y el deseo que sentíamos uno por el otro, mientras la besaba, metí su mano a su hermoso trasero, así como un dedo a su ano que se sentía increíblemente suave y abierto para mí.

Al sentir mis dedos penetrando su ano, Fernanda me indicó que conocía un lugar cerca del hoyo donde estábamos para pasar un momento a solas y concluir lo que ya habíamos empezado. Apresuradamente tomamos uno de los carritos y nos escabullimos en los árboles del campo, alejados de los amigos que nos acompañaban, Fernanda bajó mis pantalones y lamió como una experta desde la punta de mi glande hasta la parte más oscura de mis testículos, lo hizo insaciablemente, como si estuviera lamiendo una paleta que no había comido en años, sorbió de mi pene como si fuera popote y sentí que mi verga explotaría de tan rico que movía su  lengua. La tomé del cabello salvajemente para darle vuelta y mirar su trasero, subí su falda y la nalgueé hasta dejarle marcadas las manos, bese su cuello y bajé poco a poco por su blanca espalda dándole mordiscos pequeños y sexys; llegué con calma a la raya de sus nalgas y la lamí poco a poco hasta llegar a su ano, mi cara por supuesto no entraba sin un poco de ayuda de sus manos, me cubría la cara por completo, su olor era delicioso, era la combinación perfecta de jabón íntimo y el olor natural de la zona, pffff, esta mujer era demasiado higiénica. Sentí la lenta dilatación que me invitaba a penetrarla, tomé un poco de saliva con mi mano y se la unté en la entrada del ano, como dije antes, dios me dotó con un pene bastante grande, de 23 cm para ser exactos, la penetré con cuidado para que no sintiera dolor hasta que entró por completo, ella jadeó de placer y la embestí por 15 minutos seguidos, estábamos viviendo una escena porno.

Su ano estaba tan apretado que en la vida volví a tener esa sensación con otra mujer, la llené de leche por completo, fue tan dura mi penetración que observé un poco de sangre en su ano pero ella jadeó e incluso hizo squirt, lo cual me sorprendió, estaba demasiado excitada, sus contracciones anales provocaron que el pene se endureciera de nuevo, así que le di la vuelta para ver su expresión de placer y volví a penetrarla por su rosada vagina que parecía una virgen, estaba estrecha y tenía relieves deliciosos como un masturbador, me vine dentro de ella y la besé con ternura mientras le decía “jamás te olvidaré” y era cierto, nunca había probado un ano como el de ella, pero también es cierto que deseaba volver a tenerla entre mis piernas.

De Fernanda aprendí a olvidar a esa mujer que me había dejado tan herido en el pasado, sin embargo no me clavé con ella, sabía que era una mujer de muchas amistades, pero estoy seguro que de ser pareja, habríamos cogido más de lo que podíamos, era adictiva.

Escrito por: Valeria J.A

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